Mamá Humana

13:39



Que horrible son esas mañanas en las que uno se levanta para llevar a los hijos al cole y ellos no quieren levantarse, no quieren cambiarse, no quieren peinarse, no quieren tomar desayuno o lo hacen con una paciencia sobre extrema... uno no quiere perder la paciencia pero es inevitable no perderla y terminar gritando como loca. Porque sí, yo también pierdo la paciencia y también alzo la voz. 

No sé si a ustedes les pasa, pero algunas veces (muy pocas felizmente), Antonia solo funciona hablándole molesta, alzando la voz; le hablo bien, respiro, cuento hasta 1000, hasta 10,000 hasta un millón y NADA, pero basta que alce la voz y me ponga a gritar como una loca para que ahí al toque haga todo, es como si esos días en específico, necesitara que la grite para recién hacer las cosas 🙈. 
Hablo con ella mil y un veces, le repito mil y un veces que porqué tengo que llegar al punto de gritar para que recién entienda, pero nada, a pesar de eso, siguen apareciendo estos días grises. 

Para las que pasan lo mismo que yo, díganme si lo peor no es dejarlos en la movilidad o el colegio, despedirse de ellos, decirles que los amamos como todas las mañanas, pero inevitablemente sentirnos MAL; muy mal por haber perdido la paciencia, por haber gritado mil veces que apaguen la tele, por haberles pedido por favor mil veces que tomen rápido el desayuno, etc, etc. 
¿Qué horrible es no? Más aún porque luego de esa mañana de locos, quisiéramos entrar al colegio, abrazarlos y estar ahí con ellos para sentirnos mejor o estamos ansiosas para que llegue la hora de salida y volver a verlos, volver a pedirles disculpas porque no quisimos hablarles así; porque claro, a nadie le guste gritar a sus hijos y perder la paciencia con ellos; pero bueno, no nos queda de otra, el incidente ya pasó, ya perdimos la paciencia, ya reaccionamos como no hubiéramos querido hacerlo; y que es es inevitable tener mañanas buenas, mañanas malas, días buenos, días malos y como siempre les digo, somos humanos, no somos mamás perfectas y vamos a perder la paciencia muchas veces, pero lo importante es darnos cuenta como trabajar en equipo, cómo mejorar para evitar estas cosas, no sobre pasarnos, no herirlos con nuestras palabras y no llegar al punto de levantarles la mano JAMÁS. 

Yo por mi lado, seguiré trabajando día a día en gritar menos cuando Anto me saca de mis casillas y seguiré contando las horas para recogerla hoy y volverle a decirle que a pesar de mis gritos de hoy, la amo mucho y la seguiré amando siempre. 

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